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13
de Julio de 2002 |
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Al cante:
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Al baile:
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El toque:
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Elenco de artistas |
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Información a través del teléfono 95 4847 023 ó E-MAIL: flamenco@pueblacazalla.com |
| Reuniones de Cante Jondo en la prensa |
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La Puebla es "cantaora". Y de las grandes. Tenía que serlo. El cante -el cante bueno se entiende- está amasado por una vida económica, un paisaje, un medio peculiar de los que La Puebla de Cazalla es dueña. De ahí, seguramente, la tradición de sus voces flamencas, la baraja de "cantaores" que, empezando por la Lola Lucena y "La Niña de la Puebla", siguiendo por el desaparecido Álvaro Trigueros, y rematando en nuestros días, por ese "trío clásico" compuesto por José Menese (voz que llegó hasta Roma), Diego Clavel, con más arrestos que cuerpo y el canónigo Miguel Vargas, luce La Puebla en el palo mayor del arte gitano-andaluz. Fernando Quiñones. El Correo de Andalucía, 1973 Hacia falta que alguien como el pintor Francisco Moreno Galván -que es, a mi entender, quien con mayor clarividencia ha ahondado en la entraña humana y artística del flamenco- se encargase de concebir el festival de la Puebla de acuerdo con los más exigentes requisitos de integridad y las más positivas normas contra la dispersión. Los resultados son de sobra conocidos. Año tras año, Puebla de Cazalla nos propone un insuperable método de representación pública de la íntima estirpe popular del flamenco. J. Manuel Caballero Bonald El Correo de Andalucía, 13 de julio de 1973. Cuando más difícil se nos antoja mantener la identidad propia y permanecer libre de pecado en la insobornable defensa de las estrictas normas flamencas que impone la tradición, La Puebla de Cazalla encuentra en la Reunión de Cante Jondo un festival que algunos toman con más o menos acierto como modelo y que esta considerado como de los más significativos de Andalucía. Manuel Martín Martín, Historia del Flamenco, vol III, Ediciones Tartessos, Sevilla 1995. Quienes vivimos intensa y apasionadamente las noches flamencas de La Puebla de Cazalla, que es tierra de moriscos, no podremos olvidar nunca un momento inenarrable. Estaba prohibida la palabra rebelde y era patente de subversivo comulgar con el dolor y la esperanza del pueblo. El foco que iluminaba la escena parecía brillar más intensamente. En el público, un silencio de expectación y reverencia. Arriba, la Luna llena como una moneda de nácar y, junto a los trémolos de la guitarra, la voz limpia y recia de José Menese, cantando las verdades del barquero por seguiriyas: "Que doló de pueblo, / lo que ha soporto: / golpes y golpes y más golpecitos/ en el mismo lao". Manuel Barrios, ABC, El Baratillo, 20 de agosto de 1998. |