

Antonio
Mairena y José Menese.

Jose
A. Martinez, José Menese
y Juan Habichuela
PERSONAJES
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Cantaor nacido en Puebla de Cazalla. Empezó a cantar en las fiestas
de su pueblo en la adolescencia y pronto le llegó el econocimiento
de sus paisanos mediante un contrato para actuar en el bar Central
de Puebla. Allí lo vio Francisco Moreno Galván, quien, impresionado
por su cante, intercedió ante Antonio Mairena y éste lo llamó para
que cantara en el teatro Osuna.
El
contenido contestatario de sus letras le valió el fervor de la progresía
de la época y la persecución de la Guardia Civil. Pese a todo, en
1965 obtuvo el Premio de Honor Tomás de Nitri en el Concurso Nacional
de Cante de Córdoba y el Premio de la Cátedra de Flamencología de
Jerez de la Frontera.
Durante
los diez años posteriores puede decirse que conquistó casi todos los
premios que se otorgan en el país a un cantante de flamenco. Cantaor
largo, sin pelos en la lengua, reconocido por los intelectuales y
malquistado con la prensa, siempre ha seguido fiel a sus convicciones
políticas a pesar de su alejamiento de la militancia y nunca ha dejado
de arremeter contra el poder, ya cante en un tablao improvisado o
en el Olympia de París.
En
1983, tras celebrar sus bodas de plata con el cante jondo, su voz
resonó en el auditorio de las Naciones Unidas en Nueva York junto
a las de Montserrat Caballé y José Carreras en una versión de «La
vida breve», de Falla. Menese vive en su casa del popular barrio de
La Latina con su mujer, Encarnación, y sus cinco hijos, rodeado de
mompós y picassos, empeñado en el estudio de los orígenes del flamenco.
Versos
para José Menese.
Fué
la voz
quien te dejó el dolor
suspendido en la memoria.Fué la voz
quien recompuso tus partículas
de hombre herido.
Fué
la voz
quien calmó tu musculatura
maltrecha en la batalla.
Aquella
voz terrible, cósmica,
sangrienta, hermosa,
asistida por la razón de todos los tiempos.
Una
voz samaritana
una voz mordida
una voz tersa
una voz escrita sobre la tierra
una voz que cauteriza las llagas del camino.
Fué
la voz
cuando faltaba el viento.
Fué
la voz
cuando lloraba el niño.
Fué
la voz
cuando las calles cerradas
estaban sin dueño.
Desde esa voz
te anunció el sol la destrucción
fatal de lo finito.
Desde
esa voz
te nació el hermano
para las noches de soledad.
Desde
esa voz
te sabes la leyenda no contada
por la historia
de las gentes sin nombre.
Esa
voz del solano
esa voz del rastrojo
esa voz de la oliva.
Esa voz de brasa humeante,
roja, bruñida,
crisol de ferocidades populares.
Esa
voz testigo, paciente,
azabache, clara, empinada,
medular, arrebatada, consoladora.
Esa
jonda voz.
Esa voz
que nos mantiene de pié.
Escrito
en La Puebla de Cazalla (Sevilla). Julio de 1991 por
José A. Martínez Bernicola, gran amigo de José y de este pueblo.
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