Gerena ha dicho que no canta para los intelectuales,
aunque acepta que los hay buenos y malos. Todo artista tiene el derecho
de situarse en su terreno en función de sus competidores y
sobre todo de sus competidores más próximos. Gerena
pertenece a un fenómeno complejo que podríamos llamar
"cante hondo crítico", un cante hondo conectado con
la canción de protesta folk, tal como la ha patentado la cultura
anglosajona. Y el cantante cuando dice que no canta para intelectuales
expresa su criterio de que buena parte de ese "cante hondo crítico"
está en función de un público restringido, de
catadores intelectuales que han querido cultivar una parcela de la
peculiaridad folklórica y crítica del pueblo andaluz.
Sin entrar en la necesidad de que Gerena necesite situarse o defenderse
en relación con otros cultivadores de su género, lo
indudable es que estamos ante un caso aparte. Ante todo, Gerena es
un cantante-autor, característica que no se da en los otros
cultivadores del cante hondo crítico. Y a continuación
se puede comprobar que las audiencias de Gerena se han reclutado preferentemente
entre el campo obrero y estudiantil, el más predispuesto para
conectar con las letras y el talante de un poeta popular fuerte, primitivo
o primario, como ustedes quieran.
Decir
"cante hondo crítico" es una redundancia. Late en
lo profundo de este canto una larga protesta conectada con todas las
insatisfacciones y limitaciones de un pueblo a lo largo de una historia
lamentable. La "queja" caracteriza este fenómeno
cultural colectivo que permaneció intocado hasta que la aristocracia
agraria andaluza se marchó a Madrid y convirtió el cante
popular espontáneo en un exotismo indígena de salón
privado o de colmado museo de los excesos de la raza. En su terreno
de cultivo, la liturgia del cante hondo seguía alimentada por
las mismas condiciones de vida que lo habían creado y perpetuado,
sobreviviendo de mala manera bajo la asfixia del "flamenco"
de alguna manera oficializado y colocado en el escaparate de la peculiaridad
española. Esta situación fue agravada por la masificación
de la cultura musical de consumo y por el intento de crear una autarquía
cultural en los años cuarenta. La demanda de "cante hondo"
de empresas discográficas y compañías folklóricas
de turné por toda España, adulteró la sustancia
del género, introduciendo fórmulas comerciales que eran
realmente una síntesis del "cante" y del tonadillerismo
a su vez mixtificado por el "couplet". Esta operación
de cirugía estética ya fue iniciada en los años
treinta, pero fue llevada a sus últimas consecuencias bajo
la programación política autárquica de los años
cuarenta.
Se tergiversó
por entonces la significación del "cante" convertido
de la noche a la mañana en una curiosidad antropológica
triunfalista, obra de la peculiaridad de una raza profunda, fatalista,
estoica y lo que ustedes quieran. La larga queja de un pueblo adulterada
en las placas discográficas o sobre los escenarios teatrales,
quedaba desvirtuada, como queda desvirtuado el tam tam en el Lido
de París o como acompañamiento de una langosta thermidor
en el Alliottos de San Francisco. Desconectado de la realidad social
que lo había hecho posible, el cante "hondo" dejaba
de ser seña de identidad de un pueblo para ser un souvenir,
una chuchería para mirones incapacitados para conectar con
su auténtica esencia. Coincidiendo con el renacimiento de la
cultura crítica en general de los años cincuenta y sesenta
y dentro de una misma empresa de recuperación de la razón
y de las señas de identidad, veremos fenómenos en apariencia
tan desconectados como la "poesía social", el cine
de Bardem y Berlanga, el teatro de Buero y Alfonso Sastre, la novelística
de Goytisolo o García Hortelano, el nacimiento de la "nova
cançó catalana" y el despertar primero vacilante
y luego progresivamente robustecido de un nuevo cante hondo guiado
por los ideales de una cierta vuelta a las fuentes y de seguir siendo
el espejo reflejo de las condiciones de vida del pueblo andaluz.
Esa vuelta
a las fuentes provoca unos criterios de pureza expresiva, estética
si se quiere, que mueve a los grandes maestros del cante hondo, sea
cual sea su ideología política, a huir del "flamenco
adocenado" que se canta en las fiestas de los señoritos
de Madrid o en cualquier otro ámbito de tergiversación
cultural. Y conectado con esta búsqueda de la pureza original,
aparece ese intento de "cante hondo crítico" que
inicialmente se vale de las ya de por sí testimoniales, revulsivas
letras originales y a continuación trata de crear nuevas letras
al servicio de peripecias populares nuevas, de sentimientos renovados
en conexión con las nuevas condiciones de vida e historia.
Puebla de Cazalla es un nombre clave en esta historia, porque allí
actúa un intelectual andaluz, Paco Moreno Galván, letrista
y promotor, que aparece en todo ABC del nacimiento del cante hondo
crítico, entre cualquier Adán y Eva de este peculiar
renacimiento. De Puebla de Cazalla es Meneses, el principal cultivador
de lo que Gerena llamaría "cante hondo para intelectuales",
afirmación que yo no secundaría, pero que tiene cierto
sentido en boca de este luchador tan solitario que es Manolo Gerena.
El relativo enfrentamiento entre Gerena y Meneses es equivalente al
que caracteriza a los profesionales hegemónicos dentro de cualquier
parcela de la actividad humana. No hay arquitecto tan crítico
de otro arquitecto crítico que un arquitecto crítico.
Igual diríamos del economista, del escritor, del general de
la armada y del boxeador de los pesos pesados. .
Tal vez sea
un factor más del relativo enfrentamiento Meneses-Gerena, el
que Manolo sea también de Puebla de Cazalla y en la Puebla
haya recogido las pobres hierbas de sus alrededores, las hierbas adustas
de su poesía autodidacta, popular, verdadera, pegada a su garganta
como todas las leches que ha mamado. La poesía de Gerena tiene
todas las características de las manifestaciones de cultura
popular "de autor": condicionada por las fuentes tradicionales.
recibe la impronta de los escasos aluviones culturales que han llegado
al autodidacta y de la rica realidad conflictiva que el poeta vive.
Cantante para obreros, campesinos y estudiantes, las letras de Gerena
vienen de la antigua herida de un pueblo y se enriquecen con las nuevas
heridas. Hay que verle cantar ante los andaluces residentes en Cataluña
o en Suiza para poder empezar a hablar de lo que es "comunicación
social" y para entender qué quiere decir feed-back para
los teóricos de la Comunicación. Lo que Gerena dice
es lo que dice su público, porque lo que Gerena piensa es lo
que piensa su público, entre otras cosas porque Gerena vive
como su público, casi con su mismo poder adquisitivo y su misma
precariedad ante el futuro. La poesía de Gerena es la poesía
que hubiera podido escribir cualquiera de sus oyentes populares y
eso le da un valor testimonial difícil de traducir a otro idioma
cultural, por ejemplo al idioma cultural de la Cultura con mayúscula.
.
A este chico
le dejan cantar poco porque a la clase obrera le dejan expresarse
poco. No hay que darle más vueltas a esta hoja.
La poesía
popular y Manolo Gerena,
epílogo por Manuel Vázquez Montalbán a
Cantes del pueblo para el pueblo
de Manuel Gerena, editado por Laia, Barcelona, 1975
CODO CON CODO.
El combativo Manuel Gerena celebra sus 30 años de grabaciones
con una vieja ilusión: tener el mismo tamaño que Miguel
Hernández en la portada de un disco; el cantaor morisco junto
al poeta oriolano, vientos del pueblo que convierten 'El niño
yuntero' en una suite de cuatro cantes, busca hormas y las encuentra
hasta por jaberas y sus emparentados "aires de Córdoba".
Con una guitarra discreta, el eco de su voz surcada por los versos
llena todo este disco que tiene, como bonus track, 'La voz
viva de Miguel Hernández'.